Los tamales con un preparado de vital importancia para los guatemaltecos ya que se adaptan a cualquier momento o comida, siendo utilizados como plato principal o como acompañamiento en cualquier almuerzo o cena. Además, cuentan con la ventaja de que su elaboración es muy flexible en cuanto a los ingredientes utilizados, por lo que puede cambiar según lo requiera la economía o el gusto personal de cada individuo. Lo más habitual es su consumo en los días sábado y en Navidad -para esta época se estilan los tamales negros, que son dulces porque están elaborados a base de chocolate-.

Es frecuente comer los tamales con pan y pueden hacerse de cerdo, pavo, gallina o pollo y harina de maíz, arroz, salpor o la combinación de estos.

No se conoce el origen exacto de la creación del tamal pero se cree que proviene de las culturas predominantes de México que lo llevaron a otras tierras y permitieron su expansión por todo el continente. Los tamales ya son descritos en México por fray Bernardino de Sahagún en Historia General de las cosas de Nueva España a principios del siglo XVI. Allí se hace referencia a que el tamal no es solo un alimento de la gente común, si no que es deseado por los nobles y por los sacerdotes en las ceremonias especiales de ayuno.

Su fácil método de elaboración permitió esto y logró que los distintos pueblos ejercitaran variantes a la preparación en base a los productos que proveían sus tierras ya las costumbres culinarias de cada lado. Si bien hoy en días los tamales se encuentran en casi todos los países de América, en cada uno de ellos varía significativamente su método de preparación, tamaño e ingredientes utilizados.

En Guatemala se presentan una gran variedad de estilos de tamal. Los más reconocidos son el tamal colorado, tamal negro, tamalitos de Chipilín, tamalitos de Cambray, chepes o tayuyos, tamalitos de viaje, tamalito de elote, paches y chuchitos.

Los tamales colorados son de los más habituales y están hechos con una masa arroz o de maíz que lleva encima una salsa especial de tomate, un trozo de carne -puede ser de res, pollo, cerdo, pato o pavo), una tira de chile pimiento y una aceituna. Se lo envuelve en hoja de sal y luego en una hoja de plátano. Este plato es muy típico en las reuniones de sábado por la noche en los hogares de Guatemala y una tradición en las noches de Navidad. En la región Occidente del país generalmente se los prepara con arroz o con una mezcla de arroz y maíz con carne de cerdo o pollo.

Otra receta muy popular es la de los tamales negros, que se elaboran con la misma base que los colorados pero se diferencia por su sabor dulce y el color oscuro otorgado por la salsa de café. Lleva chocolate y se lo suele decorar con pasas, ciruelas y almendras.

Los tamalitos de Cambray son tamalitos de frijol dulces de masa de maíz con con pasas con sabor a anís. Parte de la masa se colorea con una salsa de color rojo y se acompaña con una crema agria.

Los chepes o tayuyos están compuestos de un relleno de frijol negro parado en forma de tortilla y los famosos chuchitos son un espectacular deleite de masa de maíz con queso seco que se acompaña con una salsa de tomate algo picante y carne, todo esto envuelto en tusa, que es la hoja que cubre el elote.

Todas estas son tan solo algunas de las infinitas opciones de tamales que presenta la gastronomía guatemalteca, que ofrece una variedad de sabores, tamaños, rellenos y acompañamientos muy nutrida.