Se estima que su origen data de hace centenares de años, con la práctica de mejorar el procesamiento del maíz, mejor conocido como nixtamalización, que hace posible convertir el maíz en masa mediante su cocción. La masa es utilizada para tamales, tortillas y la elaboración del atole. Los ingredientes originarios para su preparación es el maíz, agua, miel y chiles.

La primera referencia de esta bebida, fue en el periodo colonial, cuando los colonizadores tuvieron la oportunidad de probar la espesa bebida de los aztecas, llegando a afirmar que su singularidad en sabor y forma, era muy enérgica. Pero el paladar de los españoles no llegó a acostumbrarse con los ingredientes originarios, modificaron la receta, agregando leche para “mejorar” su sabor.

Aunque su modificación en su elaboración sigue vigente en la actualidad, la bebida ha perdido popularidad frente a los bebidas procesadas con azúcar, propios de la invasión de la globalización que afecta el consumo autóctono. El Atole, con frecuencia, es estigmatizado como una bebida de los pobres o del campo. Otras bebidas, como el chocolate, se mantienen como las más apetecible, pero aun así, el atole tienen sus celosos defensores que suelen servir en muchos puestos de comida popular, acompañadas de unas deliciosas enchiladas, tamales o tortillas.

En Guatemala, su consumo es muy frecuente en distintas zonas del país, en sus versiones aromáticas y saborizantes: Arroz con chocolate, Arroz con leche, Atol blanco, Atol de elote (tradicional), Atol de plátano, Atol Shuco, Atolillo, Atol de Ixpasá,  Mosh, Atol de Guayaba, Atol de haba y Atol de tres cocimientos. Ya sea que quieran estigmatizarlas o intervenir en su elaboración, el Atole será la bebida reina entre sus comensales. Bien reza el dicho... “más vale atole con risas que chocolate con lágrimas”.